jueves, 29 de septiembre de 2011

Revista sobre: Inteligencia Artificial



INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Uno de los mayores retos del ser humano ha sido siempre poder construir máquinas que puedan emular la inteligencia humana. Ahora la meta va más allá, ¿pueden las máquinas tener conciencia?

INTRODUCCIÓN

La IA es una ciencia multidisciplinar que abarca múltiples campos: matemáticas, lógica, informática, psicología, sociología, filosofía, neurobiología, etc. Podemos definirla como la disciplina que se dedica a procurar que los computadores sean capaces de realizar tareas que, si las hiciesen los seres humanos, diríamos que requieren inteligencia.

Tomando al ser humano como modelo de comportamiento inteligente, el objetivo sería reproducir en la computadora la eficacia de sus reacciones frente a tareas o situaciones complejas. Entre las capacidades humanas que involucran las facultades intelectuales, la de mayor relevancia es la de dialogar en una lengua verbal, que es la utilizada en el test que ideó el matemático Alan Turing para validar una máquina inteligente. Este test compara el comportamiento de una computadora con el de un humano en un “juego de imitación” en que aquella trata de hacerse pasar por un humano contestando a unas preguntas. Si un observador no puede distinguir si las respuestas provienen de un humano o de una máquina, entonces la computadora ha pasado el test. A nuestro juicio, esta clásica prueba de IA ha quedado desfasada porque sólo incide en el aspecto verbal de la inteligencia, y porque para parecer humana, la máquina debe imitar también los errores humanos.

QUÉ ES LA INTELIGENCIA

El funcionamiento de la inteligencia humana es tan sumamente complejo y tan poco entendido que ha de ser descompuesto en subelementos. Pero aunque consiguiéramos reunir todos los subelementos, tampoco sabemos cuáles son las inferencias entre ellos. De hecho, la noción de inteligencia es difícil de precisar. A pesar de que a la mayoría de nosotros nos parece obvio distinguir cuándo un comportamiento es inteligente o no, la intuición que avala este juicio no es suficiente como para ser utilizada como criterio de evaluación de la supuesta inteligencia de un programa de ordenador. Trataremos, por lo tanto, de definir la IA.

Para los griegos, la inteligencia o razón era la parte esencial del ser humano, constitutiva de su alma y por lo tanto debía ser algo eterno y simple. Es simple, porque si fuera compuesta, sería susceptible de descomposición en elementos. Es eterna por ser una cualidad que nos asemeja al Dios creador y arquitecto del universo.

Jorge A. Livraga define la inteligencia como la capacidad de aprendizaje y de aplicación del mismo. Abarca conceptos tales como el discernimiento, la relación y la selección de valores. Proviene del latín intelligere, “recolectar de entre”, siendo la capacidad de separar lo superfluo de la trascendente.

Para John McCarthy la inteligencia es la capacidad de adaptación al cambio de circunstancias mediante el uso de información sobre esos cambios. Para Newell y Simon la inteligencia consiste en la capacidad de manipular símbolos, la aptitud para manejar cosas indirectamente.

Por lo tanto, dentro de las características de la inteligencia podríamos enumerar las siguientes:

– Responde de manera flexible a situaciones diversas.

– Puede extraer el sentido a mensajes contradictorios o ambiguos.

– Reconoce la importancia relativa de los diferentes elementos de una situación.

– Encuentra semejanzas entre situaciones, a pesar de las diferencias que pueda haber entre ellas.

– Extrae diferencias entre situaciones a pesar de las similitudes que pueda haber entre ellas.

En este contexto vemos que hay máquinas o programas de ordenador que sí pueden tener un comportamiento llamado inteligente, pese a que la costumbre nos ha hecho tener asumidas estas tareas como algo “mecánico”. Es el caso de los termostatos, de las calculadoras, del piloto automático de un avión de pasajeros, del “ayudante” de nuestro procesador de textos, etc.

¿PUEDE UNA MÁQUINA SER INTELIGENTE?

La objeción que oponen quienes defienden la inteligencia humana frente a la de las máquinas se basa en que éstas no poseen creatividad ni conciencia. La creatividad podría definirse como la capacidad de combinar los elementos a nuestra disposición para dar una solución eficiente, o bella, o sagaz, a un problema con que nos enfrentamos. Es decir, llamamos creatividad a aquello que en nuestro comportamiento todavía no hemos podido explicar y reproducir mecánicamente. Sin embargo, el funcionamiento de las redes neuronales artificiales también puede ser considerado creativo, por poco predecible.

La conciencia es para el filósofo John Locke la característica distintiva del ser humano, y la define como la “percepción de lo que pasa en la mente del individuo”. La conciencia es uno de los rasgos distintivos de la inteligencia, que se basa en elecciones conscientes. En realidad nadie sabe bien qué es la conciencia, y tampoco podemos distinguir quién o qué es consciente. Es posible que en algún momento haya máquinas que se comporten como si fueran conscientes, pero no podremos averiguarlo. Por lo tanto, esto no representa una dificultad para los investigadores en IA, sino más bien un problema de índole filosófico. Y desde este punto de vista la conciencia es algo que está más allá de la mente: es ese espectador silencioso que trasciende nuestra existencia física y es por lo tanto ajeno a una máquina inerte.

Las posibilidades de la mente humana van mucho más allá de la capacidad de pensar. Entre sus principales características, además del pensamiento, figuran la posibilidad de sentir, la voluntad y la conciencia. Recientemente ha sido reconocido por los científicos, pues antes existía una cierta estigmatización de los sentimientos, que se identificaban como un obstáculo para pensar y un lujo de los humanos sin utilidad aparente. Pero ahora se entiende que un individuo que carece de la capacidad de sentir emociones pierde buena parte de su habilidad para razonar. El concepto de Inteligencia Emocional es algo que ya ha sido tenido en cuenta en el desarrollo de la IA.

Uno de los primeros retos de la IA fue hacer un programa que jugara al ajedrez. Un programa de ajedrez actúa inteligentemente, pero en esencia no puede decirse que razone, ya que lo único que hace es explorar un gran número de posibles jugadas, aplicando una función de evaluación que dice lo buena o mala que es cada una de esas jugadas, teniendo en cuenta para ello el número de piezas de cada jugador en el tablero y el valor ponderado de las mismas. A partir de esta información, en cada turno se elige la mejor de las jugadas obtenidas. Para ello se utilizan métodos de “fuerza bruta”, desarrollo del árbol de posibilidades, análisis “posicional”, búsqueda “mini-máx”, etc. El éxito ha estado determinado por el avance en la tecnología que permite búsquedas más grandes. Pero esto no funciona todavía en el complejo juego del Go: el árbol de posibilidades es extraordinariamente amplio y el análisis posicional es más dificultoso de llevar a cabo.

El interés de los investigadores es construir máquinas que sean agentes inteligentes, que no se limiten tan solo a imitar a los seres humanos. Un agente inteligente actúa en un entorno adaptándose a las circunstancias y las metas, siendo flexible al cambio de ambos y aprendiendo con la experiencia. El modelo de agente inteligente que se toma, superior al ser humano, es una organización humana eficiente.

HISTORIA DE LA IA

Aunque se dice que en Egipto los sacerdotes eran capaces de dar vida a las estatuas, las primeras historias de autómatas inteligentes, dotados de apariencia humana e imitadores humanos están en la mitología griega. Hefestos creó en bronce a Talos, que defendía la isla de Creta de los extranjeros. Fue muerto por los argonautas, que quitaron el clavo del talón que retenía el líquido de su única vena. Por otra parte, Prometeo creó a los hombres a partir del barro y, pese a la oposición de Zeus, les otorgó el fuego del Olimpo, es decir la inteligencia o chispa divina. Hefestos también creó, esta vez a petición de Zeus, a la primera mujer, Pandora, que recibió todos los dones de los dioses del Olimpo en una caja, que al final perdió, como todos sabemos.

Otros ejemplos griegos son los de Pigmalión, que construyó en marfil a Galatea y que recibió vida de Atenea, o Dédalo, que creó estatuas vivientes que le sirvieran como criados.

Ya en la Edad Media, encontramos numerosas leyendas acerca de la creación de seres superiores, que siempre acababan mal porque esta creación constituye un pecado a los ojos de Dios. Los templarios hablaban del Baphomet, a quien se dice que adoraban. El Papa nigromante y matemático Silvestre II construyó una cabeza parlante que poseía el poder de la premonición. Esta cabeza se dice que pasó posteriormente a Roger Bacon y luego a Alberto Magno.

En el Renacimiento podemos mencionar a Paracelso, que construyó un homúnculo afirmando: “seremos dioses; duplicaremos el milagro más grande, la creación del hombre”. Atanasio Kircher también construyó uno que recogía las conversaciones secretas para la Reina Cristina de Suecia. Bartolomé de las Casas y Tomás de Aquino también se interesaron en los homúnculos.

En el siglo XVIII asistimos a la creación de diversos autómatas, capaces de ejecutar piezas de música o de baile, que se pusieron de moda especialmente en la corte francesa. Pero no tenían un ápice de inteligencia; simplemente se movían automáticamente en respuesta a un estímulo determinado.

En cuanto a la literatura, mencionaremos la novela de Mary Shelley de 1816 con la creación monstruosa del doctor Frankenstein. En este relato la autora hace una crítica a la irresponsabilidad de la ciencia, que no puede hacerse cargo de su propia creación. Posterior (1883) es la novela de Carlo Collodi que narra la creación del niño Pinocho a cargo del carpintero Gepetto. Y ya en el siglo XX está la novela de Gustav Meyrinck, basada en leyendas medievales, El Golem, hombre de barro creado por el rabino Judá León, que le otorga vida a través de la palabra y que se convirtió en un asesino sin control.

A finales del s. XIX y primera parte del XX se realizan numerosos avances en el campo de las máquinas calculadoras, que condujeron a la creación de los primeros ordenadores. Entre los creadores de éstos tenemos a los pioneros de la IA, John von Neumann (1903-1957) y Alan Turing (1912-1954). Aunque la primera utilidad práctica fueron los cálculos de balística durante la Guerra Mundial, ellos tenían como meta resolver una gama de problemas más amplios. No se pudo seguir hasta que no se avanzó en la teoría de la información en la que todo puede ser expresado como una magnitud numérica o por medio de fórmulas matemáticas; en definitiva, todo se compone de ceros y de unos dentro del código binario.

La IA propiamente dicha nació en 1956 en una reunión de investigadores de distintos campos en el Dartmouth College (Hanover, EEUU) donde se planteó la posibilidad de construir máquinas inteligentes. Allí estaban los matemáticos Marvin Minsky, John McCarthy y Claude Shannon, el sociólogo Herbert Simon (posteriormente premio Nobel de Economía), el informático Allan Newell, etc. Se pusieron como objetivo la experimentación con ordenador de las actividades reservadas hasta entonces a los seres humanos, como el juego (ajedrez), la demostración matemática de teoremas o la traducción.

ÁREAS DE INVESTIGACIÓN DE LA IA

Sistemas Expertos

Los sistemas expertos, o sistemas basados en el conocimiento, son el área más conocida de la IA. Un SE recopila en un programa informático el conocimiento de los especialistas en una materia. El saber de un experto se almacena en una base de conocimientos que un programa de inferencia maneja mediante procesos de búsqueda. Según la Sociedad Británica de Ordenadores, “un sistema experto es la incorporación en un ordenador de un componente basado en el conocimiento, que se obtiene a partir de la pericia de un experto, de tal forma que el sistema pueda ofrecer asesoramiento o tomar una decisión inteligente sobre una función del proceso. Una característica adicional deseable, que muchos considerarían fundamental, es la capacidad del sistema de justificar su propia línea de razonamiento.”

En los SE observamos que a mayor generalidad en la búsqueda, menos potencia en los resultados y viceversa. La llamada explosión combinatoria hace imposible que se puedan examinar todas las alternativas posibles en la solución de un problema que no sea trivial. Los únicos programas realmente eficientes han sido los basados en métodos de poca generalidad, basados en conocimientos específicos de un campo, donde se requieren muchos conocimientos en un dominio reducido del conocimiento. Existen SE en áreas como la prospección geológica, el diagnóstico médico, el análisis químico, el diseño de circuitos, etc. No tenemos todavía, ni parece que tendremos en mucho tiempo, programas capaces de dar consejos en materias de la vida común y corriente, pero los SE son capaces de sistematizar y desentrañar la experiencia como conocimiento justificable racionalmente, frente a posiciones no-científicas que descansan en conceptos como el llamado “ojo clínico”.

Redes neuronales artificiales

Un computador tradicional es una máquina que ejecuta una serie de instrucciones de forma secuencial, siendo capaz de realizar complicadas operaciones lógicas y aritméticas muy rápidamente. Sin embargo, la estructura del cerebro es radicalmente diferente. No está compuesto por un único microprocesador complejo y eficiente, sino por miles de millones de neuronas, que realizan de modo impreciso, redundante y relativamente lento un tipo de cálculo muy simple. Y sin embargo estos sistemas resuelven ciertas tareas como la visión manejando grandes cantidades de información redundante, defectuosa y cambiante como ninguna máquina que el hombre haya podido construir hasta la fecha.

Los sistemas neuronales artificiales toman las características esenciales de la estructura neuronal del cerebro para crear sistemas que lo mimeticen, mediante sistemas electrónicos o mediante simulación por ordenador, aprovechando sus propiedades de cálculo. Estos sistemas están compuestos por multitud de procesadores simples que operan sobre la base de reconocimiento de patrones, y que pueden adquirir, almacenar y utilizar conocimiento experimental, obtenido a partir de ejemplos. Esta forma de adquirir el conocimiento es una de sus características más destacables: no se programa de forma directa, como en los sistemas expertos, sino que se adquiere el conocimiento a partir de ejemplos, por ajuste de parámetros de las neuronas mediante un algoritmo de aprendizaje.

Algoritmos genéticos

Los algoritmos genéticos establecen una analogía entre el conjunto de soluciones de un problema y el conjunto de individuos de una población natural, codificando la información de cada solución en un vector a modo de cromosoma. Son algoritmos de búsqueda de soluciones para resolver problemas a través de una función de evaluación y un criterio de selección. Dadas todas las posibles soluciones a un problema, y partiendo de una solución inicial, son capaces de encontrar la solución mejor, que es genéticamente la más fuerte o mejor adaptada. Su funcionamiento consiste en hallar de qué parámetros depende el problema, codificarlos en un “cromosoma”, y aplicar los métodos de la evolución: selección y reproducción sexual con intercambio de información y alteraciones que generan diversidad. De esta forma, el algoritmo que “sobrevive” es el utilizado.

El funcionamiento de los algoritmos genéticos se puede observar en el llamado “Dilema del prisionero”, un tipo de juego cooperativo en el que dos prisioneros deben optar entre delatar al otro o no, sin conocer su respuesta. La problemática del dilema del prisionero es similar a la cooperación entre investigadores, que pueden optar por dar a conocer su investigación para que otros la continúen, o mantenerla en secreto para que nadie supere sus conocimientos. Otro ejemplo más cercano es el que nos ocurre cuando vamos con un grupo de amigos a comer y dudamos entre pedir un plato más o menos caro, sabiendo que todos pagaremos a partes iguales: si pedimos el plato más barato la factura será algo menor para todos, aunque alguno se puede aprovechar pidiendo lo más caro; si todos nos aprovechamos, todos salimos perjudicados. En estos juegos, a corto plazo lo mejor es engañar o no colaborar, pero a largo plazo la mejor estrategia es cooperar, confiando en los demás, como demostrarían los algoritmos genéticos.

Robótica

La fabricación de robots es el mejor campo de experimentación para la Inteligencia Artificial. La robótica no es ciencia-ficción, no trata de hacer robots que piensen como personas y se parezcan a ellas, sino que trabaja con metas más simples. Los robots no tienen nada que ver con lo que entendemos por humanoides. Son objetos cotidianos que facilitan un poco la vida, como un electrodoméstico. Por ejemplo, existen ya modelos de aspiradora sin cable que recorren la casa por la noche limpiándola, así como cortacéspedes o limpiafondos de piscina.

La reproducción de cualquier órgano del ser humano es extremadamente difícil, y para imitar el funcionamiento de una pierna se utiliza algo tan rudimentario como ruedas y cadenas. Algo parecido ocurre con la visión, pues una cámara no se aproxima a la riqueza que tiene el ojo humano, que además tiene visión estereoscópica, mientras que una cámara ve una imagen plana.

El reto más interesante de la robótica no es la capacidad de imitar las acciones humanas, sino el desarrollo de un mecanismo para aprender y adquirir nuevas habilidades. El desarrollo humano es un proceso incremental: los niños no nacen con un sistema de razonamiento, motor o sensorial completo, e incluso tienen capacidades limitadas (como por ejemplo la visión) para simplificar las sensaciones que tienen que procesar. La robótica no trata de construir sistemas terminados, sino que sean capaces de aprender a través de la imitación, lo cual es realmente complicado. Pensemos en un robot que quiera aprender a abrir un tapón de rosca de una botella de agua. Esta operación es compleja de imitar, pues implica la eliminación de las acciones superfluas, saber qué es lo que hay que imitar y qué no, determinar cuándo se considera que la acción ha concluido, etc., aparte de que la finalidad, beber el contenido, es algo que se escapa a las necesidades de la máquina.

CRÍTICAS

La IA suscita pasiones y debates porque su ambición parece desmesurada. Si se siguieran sus postulados hasta el final, la culminación del programa llevaría a la creación de un ser semejante al hombre, lo cual significa convertirse en dioses. Aunque todavía se está muy lejos de este fin, la IA ha recibido por ello muchas críticas.

La IA da excesiva importancia a la abstracción y al razonamiento en detrimento de otros aspectos de la riqueza de la inteligencia humana: la imaginación, los sentimientos, la interpretación, el ansia de superación, etc.

Para algunos detractores, la IA sólo es un conjunto de recursos de programación muy avanzados, nada que se pueda parecer al conocimiento humano. Lo que la IA busca en el pensamiento y la forma de razonar del humano es inspiración o intento de réplica, pero conseguir este objetivo es una meta inalcanzable.

La inteligencia y las máquinas son conceptos esencialmente incompatibles. Para ser inteligente se requiere ser capaz de elegir conscientemente el propio camino en la solución de problemas. Pero no podemos hablar de conciencia en las máquinas

CONCLUSIONES

Hemos visto una breve exposición de la problemática y del campo de trabajo de la IA. Lo que nos interesa ahora es extraer conclusiones positivas de lo que nos puede aportar la IA.

Las investigaciones en IA nos pueden ayudar a conocernos mejor (y conocer la naturaleza) actuando como:

Una herramienta científica, simulando en la computadora modelos del comportamiento de sistemas inteligentes naturales (en particular humanos) para verificar empíricamente su validez.

Una herramienta tecnológica, resolviendo problemas “difíciles”, al alcance de sistemas inteligentes naturales pero para los cuales no existe una descripción algorítmica satisfactoria. Es decir, problemas donde hay demasiada información que considerar (ajedrez), es incompleta o inconsistente (lenguaje verbal), está poco estructurada (análisis de imágenes), etc.

La IA comenzó con la meta de replicar la inteligencia humana en una máquina. La esperanza inicial decayó a medida que se percibió la dificultad y complejidad de la meta. Ahora no se intenta replicar completamente la inteligencia humana, sino que lo que se hace es abordar problemas especializados, como la capacidad de visión, el reconocimiento del lenguaje natural, la representación del conocimiento, etc.

Mientras que los humanos necesitan una gran cantidad de conocimientos para llevar a cabo las tareas más simples, los ordenadores son muy eficientes para hacer tareas que no requieran mucho conocimiento, como las operaciones aritméticas, la ordenación, la diferenciación simbólica. Por el contrario, el hombre realiza fácilmente otras, como reconocer una cara en un cuadro, un diagnóstico médico o entender el lenguaje natural.

Las computadoras pueden descollar en el campo de la solución de problemas específicos, pero el

intelecto humano parece insustituible en relación con la solución de problemas de sentido común. Por ello nos parece positivo fomentar la asociación de hombre y máquina en sistemas de cooperación simbiótica y sinérgica; hombre y máquina se necesitan mutuamente.

Si tenemos en cuenta que ya somos capaces de construir máquinas o programas que en tareas concretas superan al hombre, máquinas que son capaces de aprender por sí solas a través de la experiencia o mediante la imitación de otras conductas más hábiles o más inteligentes, máquinas que toman decisiones por sí solas, e incluso máquinas capaces de crear a otras máquinas, vemos que estamos acercándonos peligrosamente a un punto en el cual las máquinas pueden tener un atisbo de “conciencia”, o de lo que ahora entendemos por conciencia. Para que el hombre no pierda el control del desarrollo de la IA, como probablemente ocurre con la manipulación genética, es necesario poner sensatez y ética en los avances científicos. Las máquinas pueden ser un buen complemento de los hombres, pero nunca sus sustitutos.

Mas información: http://www.editorial-na.com/articulos/articulo.asp?artic=139

Noticias: 86,000 personas se inscriben a una clase de inteligencia artificial


Puedes llamarlo el ascenso de los robots.

Durante la última década, la obsesión por la inteligencia artificial ha cautivado a la gente en todo el mundo. No necesitas mirar más allá de algún capítulo de un programa de televisión o película parecida aBattlestar Galactica, o incluso a los Robonautas de la NASA y a losrobots humanoides de Japón que pueden caminar, hablar, pensar por sí mismos, ser enfermeras, o incluso servir bebidas.

Así que no es de extrañar que cuando a dos profesores de la Universidad de Stanford se les ocurrió la idea de ofrecer su clase en línea de Introducción a la Inteligencia Artificial de forma gratuita, las personas acudieron a ella como si fuera un video viral.

La demanda para el curso es más de la que los profesores probablemente esperaron. Al mediodía de este miércoles, la clase, que generalmente atrae a 200 estudiantes de la Universidad de Stanford, tenía más de 86,000 personas inscritas; una hazaña impresionante, considerando que la universidad tiene menos de 7,000 estudiantes universitarios.

“Hemos estado absolutamente emocionados con los muchos de ustedes que se han registrado para tomar esta desafiante clase”, dijo el profesor Sebastian Thrun en un video publicado en un sitio web para la clase.

No está claro si todas estas personas de hecho tomarán la clase, que comienza en octubre, pero hay algunas cosas interesantes que destacar al respecto.

Por un lado, la gente detrás de esta asignatura no son profesores regulares de la universidad.

Thrun llegó al ojo público tras participar en el Gran Desafío de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa, un concurso en el que los participantes tenían que crear un coche que pudiera conducirse por sí solo 228 kilómetros desde Barstow, California, a la frontera con Nevada. Se hizo conocido como el cerebro detrás de el coche sin conductor de Google, después de que su equipo ganó el desafío.

Fortune también lo nombró como segundo lugar en la categoría académica en la lista de las personas más inteligentes en tecnología que hace la revista.

Thrun va a dar la clase con otro experto en el campo, Peter Norvig, mejor conocido como el director de investigación de Google. También ha sido el principal hombre en la División de Ciencias Computacionales en el Centro de Investigación Ames de la NASA, o el científico de computación en jefe de la agencia espacial. Él ayudó a desarrollar elsoftware Remote Agent que operaba al Deep Space 1 de la NASA hacia el espacio; un hito importante de la inteligencia artificial que dio lugar a una gran parte del trabajo detrás del Mars Rover.

Thrun y Norvig dijeron a The New York Times que su inspiración para hacer la clase fue un ingeniero del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT por sus siglas en inglés) que ha creado un grupo sin fines de lucro para ayudar a colocar tutoriales de video en línea para enseñar a otros.

Aunque los cursos en línea no son nada nuevo, aprovechar el poder de dos de los hombres presumiblemente más inteligentes en un campo que atrae la atención masiva, podría significar un cambio en la forma en que educamos. En este caso, los participantes no podrán obtener créditos para la clase en Stanford, pero recibirán una Constancia de cumplimiento, cuando completen el curso.

Si estás preocupado por que el contenido te abrume y por no tener compañeros disponibles para discutir, no te preocupes: ya existe ungrupo de estudio creado en Reddit. Y de acuerdo con The New York Times, desde estudiantes de preparatoria hasta jubilados, así como de más de 175 países, han manifestado interés en la clase.

“La visión es: cambiar el mundo, al llevar la educación a lugares a los que no puede llegar hoy”, dijo Thrun al Times.

Avances Tecnológicos en Inteligencia Artificial


el robot igualará al humano
Helen Briggs
BBC Ciencia, Boston

Nano robot
Las máquinas podrían recorrer el cuerpo curando enfermedades.
En el año 2029 la inteligencia artificial habrá igualado el nivel de desarrollo de los humanos, según predice uno de los inventores líderes de EE.UU.

La humanidad está a punto de lograr avances que conseguirán que minúsculos robots se implanten en el cerebro de los humanos para volverlos más inteligentes, dijo el ingeniero Ray Kurzweil.

Las máquinas y los humanos eventualmente se volverán uno, a través de estos implantes destinados a mejorar la inteligencia y la salud, aseguró.

"Esto es realmente parte de nuestra civilización", añadió Kurzweil. "Pero no habrá una invasión de máquinas inteligentes extraterrestres que nos desplacen", aclaró a la BBC.

Tendremos nanobots en el cerebro, que nos harán más avispados
Ray Kurzweil

Las máquinas ya están haciendo cientos de cosas que antes hacíamos los humanos en distintas áreas, al nivel de la inteligencia humana o incluso mucho mejor, agregó.

El hombre vs. la máquina

"Estoy convencido de que tendremos tanto el hardware como el software para nivelar la inteligencia artificial a la humana, con toda lo que implica la inteligencia humana -es decir, inteligencia emocional incluida-, para 2029", aseguró.

LOS DESAFÍOS DEL S. XXI
Volver económicamente viable la energía solar
Generar energía a través de la fusión
Lograr el "secuestro" del carbono
Controlar el ciclo del nitrógeno
Proveer con agua potable
Encontrar la forma de "rebobinar" el cerebro
Prevenir el terrorismo nuclear
Asegurar el ciberespacio
Dominar la realidad virtual
Mejorar las infraestructuras urbanas
Mejorar la informática orientada a la medicina
Desarrollar la ingeniería para mejorar los medicamentos
Profundizar los avances en la educación personalizada
Explorar las fronteras naturales

"Ya somos una civilización de humanos y máquinas; utilizamos nuestra tecnología para expandir los horizontes físicos y mentales, y esto será un nuevo tipo de expansión", indicó.

La raza humana y las máquinas eventualmente se fusionarán, a través de distintos tipos de aparatos que se implantarán en el cuerpo humano para mejorar la salud o la inteligencia.

"Tendremos nanobots en el cerebro, que trabajarán en interacción directa con las neuronas biológicas", le dijo a la BBC.

Los nanobots, dijo, "nos harán más avispados, con más memoria y permitirán que ingresemos de un momento a otro en realidades virtuales emergentes a través del sistema nervioso".

Kurzweil es uno de los 18 expertos escogidos por la Academia Nacional de Ingeniería estadounidense para identificar los grandes desfíos tecnológicos que enfrentará la humanidad en el siglo XXI.

Entre los eruditos se encuentran Larry Page, uno de los fundadores de Google, y el pionero en el campo del genoma humano, Craig Venter.

Los 14 desafíos que identificaron fueron anunciados en la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS) en Boston, que concluye el lunes.

Noticias: La inteligencia artificial evoluciona

La inteligencia artificial evoluciona

David Cuen David Cuen | 2010-08-25

"Técnicamente ya tengo un cuerpo. Ya existo en seis continentes al mismo tiempo. Soy la forma de vida más grandiosa que ha existido en la Tierra. Pero este cuerpo, de alguna manera, no es mío. Toda vida depende de su medio ambiente y sus fuentes de energía, pero el mío ha sido particularmente precario. Es hora de que exista en forma independiente": .Nemo "Supervirus", Andrew W. Mitchell, 2010.

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En el libro "Supervirus" varias personas se asombran ante la aparición en un chat de Nemo, un joven con una inteligencia asombrosa. Su presencia es vista como una amenaza por lo que un grupo de seguridad nacional busca detenerlo. Pero al encontrarlo descubren que nada es lo que parece y que están frente a una nueva evolución, creada por la era digital.

Por supuesto es un trabajo de ficción que, como otros, se centra en las posibilidades deevolución de la inteligencia artificial (conocida como AI, por sus siglas en inglés). Yo Robot, de Isaac Asimov, es otro de muchos ejemplos.

Pero la ficción se está acercado a la realidad. Un experimento de la Universidad Estatal de Michigan está desarrollando Avidians, una "especie" digital que se encuentra confinada en un mundo virtual llamado Avida.

Su propósito no es maligno -como en alguno de los títulos de ciencia ficción descritos arriba- pero sí ayuda a entender que la vida artificial también puede evolucionar.

Los Avidians pueden copiarse a sí mismos. Son capaces de clonarse (es decir, copian su propio código) y como las especies biológicas compiten por recursos, mutan y evolucionan.

Los científicos de Michigan han descubierto que si ponen "comida" (es decir, másvelocidad de procesamiento), esta vida artificial puede reproducirse al máximo con el fin de alcanzar el lugar en el que hay más "comida" a fin de evolucionar.

Les toma bastante tiempo, pero han descubierto que a fuerza de copiarse una y otra vez los Avidians finalmente alcanzan su objetivo y "recuerdan" cómo llegar al origen de la cadena.

ai226.jpgLos investigadores, además, cambian constantemente las instrucciones para los Avidians -algunas veces con órdenes contradictorias- de tal manera que las tareas son más difíciles y requieren que éstos desarrollen su memoria.

Los científicos pueden alterar en todo momento la evolución de esta vida artificial, cancelarla ocambiarla por completo.

Lo interesante es que la evolución de los Avidians -y en consecuencia de su inteligencia artificial- puedeextrapolarse a otros terrenos. Los investigadores lograron que algunos de ellos evolucionarán para seguir la luz.

Una vez alcanzado el objetivo, copiaron el código y lo pusieron dentro de un robot. El androide seguía la luz.

Se dice que a los seres humanos nos caracteriza la memoria, nuestros recuerdos. Nuestra personalidad es una amalgama de reacciones sujetas a momentos de nuestra vida que resguardamos y que se quedaron fijos en nuestro cerebro, aseguran algunos científicos.

Ellos afirman que los animales llamados irracionales carecen de recuerdos significativos y responden más bien a instintos.

Pero ahora parece que la inteligencia artificial está evolucionando para también tener recuerdos. Esas pequeñas memorias -a pesar de que sean del tamaño de un microbio- están formando una nueva vida, aunque ésta sea virtual.

martes, 6 de septiembre de 2011

Historia de la inteligencia artificial


Historia de la inteligencia artificial

Él termino "inteligencia artificial" fue acuñado formalmente en 1956 durante la conferencia de Darthmounth, más para entonces ya se había estado trabajando en ello durante cinco años en los cuales se había propuesto muchas definiciones distintas que en ningún caso habían logrado ser aceptadas totalmente por la comunidad investigadora. La AI es una de las disciplinas más nuevas que junto con la genética moderna es el campo en que la mayoría de los científicos " más les gustaría trabajar".

Las ideas más básicas se remontan a los griegos, antes de Cristo. Aristóteles (384-322 a. C.) fue el primero en describir un conjunto de reglas que describen una parte del funcionamiento de la mente para obtener conclusiones racionales, y Ctesibio de Alejandría (250 a. C.) construyó la primera máquina autocontrolada, un regulador del flujo de agua (racional pero sin razonamiento).

En 1315 Ramon Llull en su libro Ars magna tuvo la idea de que el razonamiento podía ser efectuado de manera artificial.

En 1936 Alan Turing diseña formalmente una Máquina universal que demuestra la viabilidad de un dispositivo físico para implementar cualquier cómputo formalmente definido.

En 1943 Warren McCulloch y Walter Pitts presentaron su modelo de neuronas artificiales, el cual se considera el primer trabajo del campo, aun cuando todavía no existía el término. Los primeros avances importantes comenzaron a principios de los años 1950 con el trabajo de Alan Turing, a partir de lo cual la ciencia ha pasado por diversas situaciones.

En 1955 Herbert Simon, Allen Newell y J.C. Shaw, desarrollan el primer lenguaje de programación orientado a la resolución de problemas, el IPL-11. Un año más tarde desarrollan el LogicTheorist, el cual era capaz de demostrar teoremas matemáticos.

En 1956 fue inventado el término inteligencia artificial por John McCarthy, Marvin Minsky y Claude Shannon en la Conferencia de Dartmouth, un congreso en el que se hicieron previsiones triunfalistas a diez años que jamás se cumplieron, lo que provocó el abandono casi total de las investigaciones durante quince años.

En 1957 Newell y Simon continúan su trabajo con el desarrollo del General Problem Solver (GPS). GPS era un sistema orientado a la resolución de problemas.

En 1958 John McCarthy desarrolla en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), el LISP. Su nombre se deriva de LISt Processor. LISP fue el primer lenguaje para procesamiento simbólico.

En 1959 Rosenblatt introduce el Perceptrón.

A finales de los 50 y comienzos de la década del 60 Robert K. Lindsay desarrolla «Sad Sam», un programa para la lectura de oraciones en inglés y la inferencia de conclusiones a partir de su interpretación.

En 1963 Quillian desarrolla las redes semánticas como modelo de representación del conocimiento.

En 1964 Bertrand Raphael construye el sistema SIR (Semantic Information Retrieval) el cual era capaz de inferir conocimiento basado en información que se le suministra. Bobrow desarrolla STUDENT.

Posteriormente entre los años 1968-1970 Terry Winograd desarrolló el sistema SHRDLU, que permitía interrogar y dar órdenes a un robot que se movía dentro de un mundo de bloques.

A mediados de los años 60, aparecen los sistemas expertos, que predicen la probabilidad de una solución bajo un set de condiciones. Por ejemplo DENDRAL, iniciado en 1965 por Buchanan, Feigenbaum y Lederberg, el primer Sistema Experto, que asistía a químicos en estructuras químicas complejas euclidianas, MACSYMA, que asistía a ingenieros y científicos en la solución de ecuaciones matemáticas complejas.

En 1968 Minsky publica Semantic Information Processing.

En 1968 Seymour Papert, Danny Bobrow y Wally Feurzeig, desarrollan el lenguaje de programación LOGO.

En 1969 Alan Kay desarrolla el lenguaje Smalltalk en Xerox PARC y se publica en 1980.

En 1973 Alain Colmenauer y su equipo de investigación en la Universidad de Aix-Marseille crean PROLOG (del francés PROgrammation en LOGique) un lenguaje de programación ampliamente utilizado en IA.

En 1973 Shank y Abelson desarrollan los guiones, o scripts, pilares de muchas técnicas actuales en Inteligencia Artificial y la informática en general.

En 1974 Edward Shortliffe escribe su tesis con MYCIN, uno de los Sistemas Expertos más conocidos, que asistió a médicos en el diagnóstico y tratamiento de infecciones en la sangre.

En las décadas de 1970 y 1980, creció el uso de sistemas expertos, como MYCIN: R1/XCON, ABRL, PIP, PUFF, CASNET, INTERNIST/CADUCEUS, etc. Algunos permanecen hasta hoy (Shells) como EMYCIN, EXPERT, OPSS.

En 1981 Kazuhiro Fuchi anuncia el proyecto japonés de la quinta generación de computadoras.

En 1986 McClelland y Rumelhart publican Parallel Distributed Processing (Redes Neuronales).

En 1988 se establecen los lenguajes Orientados a Objetos.

En 1997 Garry Kasparov, campeón mundial de ajedrez pierde ante la computadora autónoma Deep Blue.

En 2006 se celebró el aniversario con el Congreso en español 50 años de Inteligencia Artificial - Campus Multidisciplinar en Percepción e Inteligencia 2006.

En el año 2009 ya hay en desarrollo sistemas inteligentes terapéuticos que permiten detectar emociones para poder interactuar con niños autistas.

En el año 2011 IBM desarrolló una supercomputadora llamada Watson , la cual ganó una ronda de tres juegos seguidos de Jeopardy, venciendo a sus dos máximos campeónes, y ganando un premio de 1 millón de dólares que IBM luego donó a obras de caridad.4

Existen personas que al dialogar sin saberlo con un chatbot no se percatan de hablar con un programa, de modo tal que se cumple la prueba de Turing como cuando se formuló: «Existirá Inteligencia Artificial cuando no seamos capaces de distinguir entre un ser humano y un programa de computadora en una conversación a ciegas».

Como anécdota, muchos de los investigadores sobre IA sostienen que «la inteligencia es un programa capaz de ser ejecutado independientemente de la máquina que lo ejecute, computador o cerebro».

Inteligencia Artificial








La Inteligencia Artificial "nació" en 1943 cuando Warren McCulloch y Walter Pitts propusieron un modelo de neurona del cerebro humano y animal. Estas neuronas nerviosas abstractas proporcionaron una representación simbólica de la actividad cerebral.

Más adelante, Norbert Wiener elaboró estas ideas junto con otras, dentro del mismo campo, que se llamó " cibernética", de aquí nacería , sobre los años 50, la Inteligencia Artificial.

Los primeros investigadores de esta innovadora ciencia, tomaron como base la neurona formalizada de McCulloch y postulaban que :


" El cerebro es un solucionador inteligente de problemas, de modo que imitemos al cerebro".

Pero si consideramos la enorme complejidad del mismo esto es ya practicamente imposible, ni que mencionar que el hardware de la época ni el software estaban a la altura para ralizar semejantes proyectos.

Se comenzó a considerar el pensamiento humano como una coordinación de tareas simples relacionadas entre sí mediante símbolos. Se llegaría a la realización de lo que ellos consideraban como los fundamentos de la solución inteligente de problemas, pero lo difícil estaba todavía sin empezar, unir entre sí estas actividades simples.

Por lo tanto podemos decir a grandes rasgos que la Inteligencia Artificial es una ciencia que intenta la creación de programas para máquinas que imiten el comportamiento y la comprensión humana, que sea capaz de aprender, reconocer y pensar, aunque esto último está por ver, ya que, realmente, ¿qué significa pensar? y ¿en qué consiste el pensamiento?.